
Cada persona tiene una vida interesante. Puede escribir un libro sobre sus experiencias y tocar a los demás en lo profundo de su ser. Porque las experiencias son parte esencial de la existencia, y al percibirlas todos, nos identificamos con ellas.
Es por esto, que la información sobre la vida de los demás seduce tanto.
Por siglos, la identificación con el papel que se juega en la sociedad en la que las personas se desarrollan, es motivo de atracción, ejemplo, comentarios, juicios, admiración o desprecio. El ser se ha identificado a tales grados con el género, la personalidad, la profesión y ese específico rol que representa en el grupo de su comunidad, que se ha olvidado quién es realmente.
Generación tras generación la humanidad se ha enfrentado a sus vecinos, familiares, compatriotas y países lejanos. Dejando dormir la única lucha cuya victoria es pura y verdadera, aquella cuyo único enemigo somos nosotros mismos.
Este siglo XXI se caracteriza por una guerra fría interna, en la que los seres humanos batallan día a día contra un estrés desmedido. Las comunidades sufren de soledad aún rodeadas de otras personas en su paso diario por la vida. La tecnología aleja el cálido contacto humano y la telefonía celular permite, por segundos, una sensación de “pertenencia” que se ha convertido en una droga.
Los motivos reales por los que se interactúa en las relaciones humanas, se ven opacados por la distracción que la comunicación exterior presenta. Ésta se dirige a factores que permiten seguir girando en la superficie e identificarse con lo que ahí existe, incitando a la pereza y no al trabajar en lo que realmente importa: el interno de cada persona.
La enseñanza en general, presenta un patrón de vida modelo. Aquél que sigue dicho modelo, es motivo de imitación, halago, ejemplo para los demás. Debe cuidar su imagen y ser cada día más perfecto: vanagloriarse de sus hazañas, méritos y éxitos, motivo de la admiración de la comunidad. Por lo tanto, habrá que esconder las debilidades, errores y oportunidades de aprendizaje interno, depositándolos en la caja de Pandora, como parte de la desgracia que nadie debe ver. Ni él mismo.
Con el paso del tiempo, el ser que actúa así, ni se conoce ni se entiende, sufre, vive una doble vida siempre al asecho de no ser descubierto y bajado de su pedestal. Las instituciones sociales, económicas y religiosas a las que pertenece, fomentan esa quebradiza imagen, ejerciendo un sutil control que termina por fomentar escapes para aguantar la presión. Las debilidades como el alcoholismo, drogas y otras adicciones para evadir la responsabilidad de ser, son los males comunes de las sociedades de hoy.
Una vez elaborado el esquema a seguir, gozando de los “beneficios” de ser persona grata a los ojos de los demás, la rueda continúa haciendo camino para fomentar el imitar y seguir las huellas del ejemplo expuesto, cual marioneta secretamente manipulada por un sinnúmero de hilos manejados por el tejido de su propia cárcel.
La literatura está llena de ejemplos de vida que sucumben y terminan en el suicidio de su interno, autómatas que van por el camino con los pies entumidos, ayudados por remedios y fármacos en el mejor de los casos o suicidas que arrastran su impotencia, frustración, incomprensión y odio a todo a aquello que lo convirtió en víctima de su propio destino.
El deporte favorito a practicar ejercita una pequeñísima parte del cuerpo de estos seres: la lengua. Son candidatos adecuados a la crítica del ajeno, a despotricar contra el vecino, por tenerlo más cerca, alimentar su pereza y alejarlo de la ventana hacia su interno.
Se convierten en los jueces más feroces, matando a su paso la imagen del prójimo y de cuanto ser presente la oportunidad para recalcar el “horror” de sus actos. Sin un criterio constructivo y de respeto, el que juzga proyecta la fetidez que lo envuelve al contaminar, desde el agua hasta todo sistema que la ecología desea proteger.
Olvidamos que todos nos encontramos en el juego de la vida, donde cada quien decide lo que desea experimentar. La ley universal de “causa y efecto” se encarga de entregar los frutos de lo que sembramos. Por lo tanto, si mi prójimo decide vivir la experiencia de mentir para conocer el sendero al que lo llevará, no se ganó nada con juzgarlo puesto que es él quien recibirá, de primera mano, las consecuencias de sus actos.
¡Es tiempo de despertar! De parar la rueda de la inconsciencia, de analizar qué se hace con el tiempo que se agota al pasar. ¿Cómo podemos cambiar? ¿Cómo ayudar al planeta que sucumbe y llora provocando todo tipo de reacciones para llamar la atención? Existe una forma, sin necesidad de hacer grandes descubrimientos, porque la información se tiene desde tiempos antiguos: conócete a ti mismo.
¿Cuándo empezar? Desde el primer momento en que ponemos los pies en este planeta, nuestra travesía de aprendizaje se inicia. Sin embargo, con el pasar de los años olvidamos nuestra verdadera misión a través de imponernos necesidades superfluas.
Jugamos con fuego, aunque sabemos que éste nos quemará. Esperamos a que un hecho dramático en nuestras vidas coloque la verdad en nuestras mentes y hasta ese momento la verdad comienza a tomar forma y color.
Pero, por qué tratar de ser mejor cuando sabemos que fácilmente podemos sobrevivir día a día con el menor de los esfuerzos. Para qué intentar la perfección si dando menos del cincuenta por ciento de nuestro potencial, ha sido por siglos más que suficiente para la humanidad.
El fascinante viaje hacia el interior del ser, contagia, reanima, vibra, libera, acrecienta la esencia que da vida y favorece el florecimiento de los valores. No los impuestos y los aprendidos para aparentar lo que no se es, los que se predican para controlar o adormecer, sino aquellos que todos tenemos en la esencia del ser, aquellos que se caracterizan por ser a imagen y semejanza del creador, de la energía divina, del Universo mismo.
Cuando el viaje interno comienza, no hay necesidad de volver atrás, de fijarse en nadie que no sea para comprender, aceptar, respetar y no juzgar, cualidades que hay que desarrollar con uno mismo, si se quiere avanzar en el apasionante encuentro con el verdadero ser, sacrificado, escondido, vituperado, que anhela dejar de reprimirse para expresarse y vivir en libertad de ser responsable de sus actos.
Las experiencias son el maná que alimenta nuestro espíritu. Dejar que se manifiesten y sacar provecho de lo positivo y negativo que toda acción trae consigo. Se vive en un mundo dual y se ha insistido en hacerlo perfecto. No lo es ni lo será, desde el cristal con el que se le ha mirado por siglos. La perfección radica en la aceptación de su dualidad y la actitud que se tome ante la adversidad, así como ante la fortuna.
Al ocupar el tiempo en abrir la conciencia y despertar del sueño impuesto por razones equivocadas, se humaniza la parte más sensible de cada persona. Es muy loable tener criterio propio y no aceptar aquello que vemos pasar a nuestro alrededor; comportamientos de otras personas que no se identifican con lo que se considera adecuado para quién lo observa. El no copiar estos comportamientos denota elevación de espíritu.
Sin embargo, juzgar, criticar, maldecir, demuestra la pobreza interna. Literalmente, se pierde el tiempo. Nadie ha venido a decir que seremos juzgados por lo que el ajeno hace. Seremos medidos por nuestros actos, nuestra experiencia, nuestra responsabilidad. No se trata de “conocer al vecino”, sino de saber quiénes somos, para reparar aquello que únicamente podemos modificar: nuestro ser.
¿Cómo despertar a toda una generación? ¿Cómo influir en el pensar de los demás, sacudir los hábitos viejos y lograr un verdadero cambio que se refleje en la sociedad?
Cambia tú y cambiarás al mundo. Es con el esfuerzo personal de ir descubriendo a través de las experiencias, una y otra vez, setenta veces siete si es necesario, que se crece, mejora, avanza y evoluciona, hasta que cristalice aquello que se manifestará siempre en amor. Al amar, se comprende, acepta, se deja de sentir culpa, miedo y todos los derivados que equivocadamente han servido de escudos para defender aquello que no necesita ser defendido.
El tiempo juega con la dimensión limitada donde se desenvuelve la vida terrestre. La física cuántica demuestra el significado de este peculiar método de medir, hasta ver su inexistencia más que la creada por la mente humana.
Luego, el tiempo marca la duración de los actos. Es insoportable ver la manifestación de un acto que es juzgado inadecuado, tardar lo que necesita para su desarrollo y desvanecimiento. La crítica salta al encuentro y la contaminación de energías negativas hace el resto de la labor indeseable.
Hay que dejar que cada manifestación dure lo que debe durar. Volver a tomar conciencia, el ahora: qué hacer para ser mejor como ser. Esto es lo importante. No cuánto dura la experiencia que supuestamente va a crear conciencia y evolucionar.
Es como querer ver al bebé en la cuna, una vez concebido la noche anterior.
Pero, de no despertar y ser un ejemplo de cambio, seguirá pasando el tiempo a nuestros pies y al envejecer sólo nos quedará el por qué del naufragar de nuestro planeta. Todos formamos un granito de arena en el océano del Universo. Sólo con que uno cambie de color para brillar y los demás deseen también iluminar las aguas, es suficiente para lograr la transformación del Todo.
Por qué seguir caminando por la vía del conformismo. Continuar con una relación, que sabemos muy en el fondo no nos hace ningún bien con tal de no dormir solos. Ir día a día a un trabajo que no nos hace crecer como humanos, sólo por el pan de cada día. Seguir pasando infiernos por callar, ceder y no vencer el miedo a ser diferentes y luchar por lo que queremos.
La labor de conocerse a sí mismo, estar consciente, ser responsable y no sentirse culpable, no se logra de la noche a la mañana. Nada importante se crea en segundos, principalmente porque no estamos adiestrados a hacerlo, nada más. Luego, hay que empezar y ahora es un buen momento. No cejar por más duros que se presenten los vientos. Los tropiezos son magníficas oportunidades para revisar y aprender de los errores, que enseñan si de ellos se desea ilustrarse.
Si Dios nos da libertad por qué decidimos esclavizarnos en la ignorancia. Hay que volar a través del conocernos. Aprender de la vida ajena en vez de juzgarla. Ya es tiempo de despertar nuestra conciencia.
Permitir la manifestación de los actos por vivir, con la conciencia de que toda causa tiene su efecto y somos responsables de las consecuencias de los mismos, es paladear el aprendizaje y enamorarse de la vida. Avanzar por el sendero escogido da energía para crecer y motivar un nuevo progreso. La alegría de estos logros será contagiosa y se conjuga en armonía con el Universo.
Ninguna tarea de cambio es fácil, pero al obtener resultados diferentes a los antes obtenidos, alentará seguir en el camino. Al ayudar al amigo, se hinchará el corazón y al comprender que se vive mejor y se prepara un mundo mejor al colaborar con la positiva vibración que el planeta necesita, se alienta el espíritu y las rocas ya no son obstáculos sino retos para ser mejor.
Despertemos a una nueva forma de vivir. Llena de espiritualidad, aceptación, comprensión, aprendizaje, hábitos saludables, elevación de conciencia y pensamiento puro.
Todo nuestro alrededor no los indica y nuestro planeta nos lo pide día a día con gritos transformados en fenómenos naturales destructivos. Es tiempo de actuar. Cosechar la buena siembra que nuestros antepasados sembraron y eliminar lo que hemos visto que no tiene una buena finalidad. Aprendamos de sus errores y perfeccionemos sus virtudes.
Dejemos el miedo como un hábito obsoleto y atrevámonos a vivir en un mundo mejor, labrado mano a mano por cada uno de nosotros.
La tarea consiste únicamente en trabajar en uno mismo. Analizar, aceptar, amar y seguir poniendo el granito de arena hacia el cambio. Seremos criticados por aquellos con pereza mental y de acción, pero seguidos por otros que saborearán el cambio e imitarán lo positivo de no perder más tiempo, para despertar y crear conciencia de la nueva forma de vivir, abarcando todos los hábitos cuyos pasos forman el camino.
Es tiempo de despertar. Las acciones son más fuertes que las palabras y la información ya nos fue entregada. Es tiempo de actuar.
Ya no tenemos el lujo de quedarnos dormidos y evadir la realidad. Es tiempo de hacernos responsables de nuestra evolución para construir un mejor planeta. Esta batalla ha estado en manos de unos cuantos sabios y ahora está en cada uno de nosotros.
"Si miras al interior de tu ser descubrirás lo que quiere decir paz. Si la buscas afuera de tí, tendrás que seguir buscando" DADI JANKI
"Cualquier experiencia que te haya dado la vida es valiosa, si no lo fuera la existencia no te la hubiera dado" OSHO
"Nada real es imposible, podemos empezar ahora" Dr Gerald G. Jampolsky
"Los hombres que están despiertos viven todos en el mismo mundo, pero los hombres que aún duermen viven cada uno en un mundo diferente" HERÁCLITO
Colaboración de: Ana Cristina Barbachano Herrero y Rebeca Azarcoya Barbachano
Revista: Dadiva








